Antiguo silencio
 
Tal vez el caminante se alejó del mundo
para evocar su recuerdo.
 
Perdido en el tiempo,
No supo detenerse a beber del lago de Luz.
 
Y así creció, como el árbol de las edades,
Ajeno al fruto de su herencia,
Prisionero de imperios solares,
Añorando de las estrellas el retorno,
Invocando en su antiguo silencio,
 
La soledad del esférico abismo.
 
 
Pradera y Sol

 

En esta pradera y Sol

Junto a este bosque increado,

Hilaré mi canto de eras,

Libaré mi rito sagrado.

 

Detendré las rotaciones,

Dejaré pasar las noches.

 

Desnudo de toda norma,

Avivaré lo olvidado.

 

Qué más da,

Lunas o milenios.

 

Qué más da,

Parias o guerreros,

Cruces o luceros

 

Solo poetas,

Solo Viajeros.

 

 

Aliento

Mis pasos se hundían en la tierra,

mis manos acariciaban el aire,

y en mi respiración pausada

encontré ritmos alineados

con mi corazón y con la tierra.

 

Yo era parte del viaje de la historia,

mi cuerpo

era el cuerpo de los tiempos,

y el viento de la noche era,

en realidad,

el eco viajero

de un aliento de galaxias

y eternidades.

 
 
El caminante se detuvo

 

El caminante se detuvo,

Contempló los universos,

Galaxias que fluían infinitas,

Esferas mentales de un errante periplo.

 

En lúcidos sueños de tiempos inexistentes,

Vio incontables civilizaciones muriendo sobre el vacio,

Vio innumerables seres habitando el abismo,

Vio de la roca eterna manar sangre.

 

Vio en sí mismo,

El destello de Luz,

El nuevo Ser.

Y, a pesar de lo maravilloso de la forma,

Solo se reconoció en el vacuo sendero,

El atemporal horizonte,

Su cósmico destino.

 

Desnudo de dualidad, ajeno a la forma,

Sentado en la postura justa,

El universo saltó de él,

En todas direcciones,

Y en ninguna.

 

Habitó un impronunciable verbo.

Navegaron por las estrellas sus pensamientos errantes.

 

Cruzó el vasto océano de la mente sometida,

Solo para morir sin peso,

Sin esencia ni razón,

Sobre lo inasible.

 

Le pareció que una lágrima recorría su rostro,

Pero solo eran ilusiones,

Relatos de mil planetas azules,

Lejanas y perdidas vidas,

Antiguas memorias,

Se resistían a desaparecer.

 

Y la nada lo envolvió cegadora,

Inefable vibración del retorno,

Desde siempre,

Conocida.

 

 

 
Lágrima Solar

 

¿Qué Ión ha perecido en la lágrima solar de mi tristeza?

¿Qué fue de aquel fluido ocre y perfumado de Dios?

 

Aquella sagrada oquedad sin forma,

Después de arder en el fuego eterno.

 

En íntimo secreto el símbolo nace,

 

Danza del intento,

Vuelo salvaje,

Noche mágica,

Marca equinoccial.

 

Galáctico equilibrio de los hemisferios,

Único templo de lo harmónico,

Centinela de mi dolor.

 

Alzamos nuestro grito en la oscuridad de lo estelar,

Definimos con fuego los inmóviles círculos,

Las claves que derrotaron al tiempo.

 

Creo haber existido por eones en este cúmulo lejano,

 

Después del ritual,

Estalló mi alma,

Supernova.

 

Lúcida vastedad de la que bebió,

Lejano y peregrino,

Mi espíritu indomable.

 

Solo por amor he tomado esta ruta,

Solo por compasión,

Arde en mí la tarde.

 

 

 

Es hora de partir

 

Sentencia de perdidos mundos,

Estigma lunar sobre laguna de angustia.

 

Tormenta de resonante galaxia,

Anega de atardeceres mi olvidada reliquia,

Mi primer sueño,

La mente original.

 

Un trueno en lo sombrío,

Y yo, que cuento los días,

También preparo mis cuerpos,

Para el viaje ancestral.

 

Los dragones aguardan ansiosos la galáctica travesía.

La columna cruza los portales del  poniente.

Mi alma añora la soledad del mar eterno.

 

Emprenden el vuelo los señores celestes,

Enfilan su secuencia de ausencias,

La bruma de mil noches ígneas.

 

Mi cansancio cósmico, azul y sin costas,

Sueño de perdidos senderos,

Sobre mi hambre solar.

 

Ardor de lo acumulado en las bodegas del alma.

Ignota reserva de lo profundo,

Plena de soles increados.

 

Se agita mi voluntad en guerra,

Aquella solitaria edad perdida,

Mi trágico océano celeste,

Mi sueño de dioses vencidos.

 

La zarpa del dragón solar,

Devora de amor sus mundos.

 

El llamado de la galáctica caravana,

El naufragio de las naves alógenas,

Sopla ya el viento de la eternidad,

 

Es hora de partir.

 

 

 
Melancolía

 

Melancolía que naciera de aquel cuerpo

que flotó en la niebla,

Mientras las águilas sobrevolaban el frio.

 

Fluir de una mañana que eclosionó

de los escombros sacros.

De una soledad que aún no ha sido liberada

de su trampa de hastíos.

 

Porque de no ser así,

No tendría que explicarte el gran silencio evocado,

Para siquiera habitar aquella gota de vida,

Aquella que imaginé invertida,

Cayendo hacia las alturas,

Del sueño que me atrapó al nacer.

 

Ahora,

Solo el reverso de un futuro olvidado,

El Ser en su celda temporal,

Sintiendo el frio de los tiempos,

Atrapado en el hielo de los días.

 

Pero en el fondo,

Despierto, presente,

Con la certeza imbatible,

De que es imposible morir.

 

 

 

Viaje hacia lo incierto

 

En cada viaje hacia lo incierto,

Navego en mi silencio,

Medito mi periplo.

 

Siempre en su hastío

la luna del destierro,

En el muro del tiempo se redime,

En la era dorada,

Mi desierto.

En el intervalo oculto.

En el temblor de mi oriente.

 

Aquí,

Me quedo en mi sangre.

 

Aquí,

Me muero en mi muerte.

 

 

 

 

 

Huella

 

He seguido a la estrella hasta el fondo del cielo

he visto en su huella la última ciudad

he guardado en silencio las señales del árbol

su acertijo de edades, su símbolo solar.

Dragón de oro

 

Hermano,
¿Has caminado por los sueños?
¿Has visto al dragón  de oro

devorar el corazón de los hombres?


¡Cuánto durará el encantamiento de la realidad!

Cansado estoy de tratar de enseñarle al mundo
que el sueño del sol es la estructura del templo
el viento de las voces es la ofrenda  y el altar.

Lo demás pasará como los días
yo tendré que olvidarlo todo
como tantas otras veces.

Pero más allá de mi cuerpo impermanente,
está el soñador que nos sueña.

Y en sus sueños
ya casi es de mañana.

 
 
Principio

 

Por siempre alterado el elemento,

La pauta está completa.

 

Verbo, en su justo tiempo,

 

         Es Luz,

         Es camino.

 

Ya no hay esferas que habitar.

 

        El dolor es cual ceniza,

        Barrida por el viento.

 

Debo seguir este canto antiguo,

La clara Luz de lo inasible,

El eterno juego del final,

 

        El infinito principio.

 
 
La única puerta

 

Solo en el ahora somos Uno.

Solo lo eterno,

Solo la muerte.

 

No formules la pregunta,

No deformes la simiente.

La última puerta se abre,

Al abandonar la mente.

 

Desiste del vano juego.

Del devenir,

De su oriente.

Solo estás de retorno.

Por eso vas,

Porque vuelves.

 
 
Nadie

 

Si alguien me hubiera dicho que el amor

Estallaría sobre mi pecho.

Habría regresado al silencio,

Y allí germinaría como el trigo amargo de los bosques.

 

Si alguien me hubiera dicho que la muerte

Sería mi compañera,

Que le haría el amor sin saciarla cada noche.

Hubiera estallado en cristales

Sobre la circunferencia azul de la tragedia

Siendo grito y lamento de otros tiempos.

 

Nadie me dijo dónde descansar,

Dónde morir,

Dónde crecer como los árboles milenarios.

 

Fluí solo en la ebriedad de mis raíces,

Soñando el eterno invierno que me aguarda.

 

No hubo nadie que me indicara el camino,

Me perdí soñando rituales antiguos,

Perpetuando el silencio

En el templo sin nombre de mi vida.

 

No hubo nunca nadie.

 

 

 

El mapa de regreso

 

Destrozado, galáctica tormenta

Cuerpo,

Materia impermanente.

 

Arrojado sin piedad al arrecife

La periferia,

Feudo de la muerte.

 

Ahora la odisea tendrá su alegoría

Tal vez su remanso,

Su peso de frío.

 

Tal vez luna nueva, de luz, de vida

Sus noches oscuras,

Sueño de siglos.

 

Padezco como Ulises, viajero errante

La gran ansia,

Fiebre del que busca.

 

Dolor de haber dejado las planicies

El puerto hace mucho,

Es distancia.

 

Se pierde el amor, mi roja molicie.

 

Precio terrible ha cobrado el tiempo

 

A mi viejo clípeo de neuma y saliva

 

Mi gastado sueño de sal y de cisne.

 

Estoico, consagrado en los cimientos

Resiste este ben-ben,

Ebrio de tormentas.

 

Entumecido al fin por la ventisca ciega

Refriega del viento,

Noche de la afrenta.

 

Conjuro de tiempo con la dama del ocaso

Revélame el secreto,

Circe milenaria.

 

Exuda de tu sexo, el mapa de regreso

Que cruza el laberinto de mis ansias.

 

Noche atlántica, noche de los tiempos

Sin estrellas ni islas se abate mi horizonte.

¿Dónde está el soplador del alquímico viento?

¿Qué fue lo que le dijo el astrolabio a su oriente?

 

¿Qué estrella?

¿Qué perro?

¿Qué numen?

¿Qué duende?

 

 

 

Océano de luz

 

¿No se agita extasiado el océano de luz?

¿Acaso no arde su fuego en verde ataraxia?

 

En mi yace dinámica,  detenida,

La cósmica rueda,

Mutada en su axis.

 

¿Recuerdas este sitio sin tiempo?

¿Recuerdas esta tierra sin Padre?

 

Creo haber estado aquí milenios,

Observando desde la esfera,

Extraño,

Silente,

Absoluto.

 

Alógeno juego de Dios.

Rebelión de los soñadores de la estrella negra.

Remanente de los mundos condenados,

Galáctica batalla del origen,

Bastión del peregrino.

 

Ahora ya no hay ahora,

El Ser con su laberinto.

 

Asciendo y desciendo inmóvil,

La flecha ha sido soltada.

 

 

 

Cósmicamente exhausto

 

Exhausto de vagar la ruta de la noche cíclica

Horizonte que se expande en infinitas espirales

Eternidad que aguarda conteniendo el yo supuesto.

 

Dualidad imposible

Vacío generador de tempestades de fuego

Viento solar que desgasta las barreras del alma.

 

Exhausto de la visión que se disipa lentamente

Densa neblina de muerte sobre la forma y su esfera.

 

Lágrimas de sangre fecundan mis manos de poemas eternos

Destinados a perderse en el abismo humano de la indiferencia.

 

Profundamente exhausto

En mis pensamientos se desdibuja el contorno de la esencia

Camino ya sin vida hacia el recuerdo inexistente

Otra vez, errante sobre el eje de la nada.

 

Recurrente, taciturno, voluble

Ya no volveré de la antigua manera

Latente, cósmicamente exhausto.

 

 

 

Yo sabré esperar

 

Después de tantos caminos

El maestro de la noche se tornó en lluvia

Transmutó su verbo en agonía de luz pura

Y se marchó a una tierra lejana y primitiva.

 

El advenimiento apresurado de las horas

Gestó su capullo de eternidad

Doblando incandescente sobre la sangre

Las aguas de la risa, el llanto inmemorial.

 

Las eras y un sol perdido

Lloraron en la soledad de lo inhabitado

Galácticas colisiones de estrellas

Vasto horizonte estelar.

 

Ya no soy esclavo de la ilusoria cadena

Lo infinito es la piel de mi alma.

Viajero de un Kosmos violento e inasible

Testigo de un vacío innombrable.

 

Aún sobre las olas del mundo

Se agita el castigo de los vientos

En el vientre de la noche cósmica

Se gesta eternamente el nuevo día.

 

Yo, sabré esperar.