Aldebarán, el vértigo de la eternidad

 

Gorka Lasa

 

Atardeceres terribles colmaron mi alma de silencios,

Aldebarán.

 

Las horas de la sangre sobre el final,

La pausa, el errático exilio de la estirpe,

La lluvia eterna sobre las tierras innombrables,

La soledad de tristes campos de olvidadas batallas.

En los senderos de un planeta muerto,

Anidaron los ciclos del devenir,

Acunando mares negros.

 

Atardeceres terribles colmaron mi espíritu de nostalgia,

Aldebarán.

 

Este viaje de símbolos ya concluye su ira,

Inequívoca nema por siempre oculta,

En los áureos cantos admonitorios,

En el vértigo de la eternidad,

Sello atávico del clan solar.

 

Allí donde fuéramos arrastrados, padecimos,

Llevamos en nosotros la tara de la luz,

El epitafio de los soles insurrectos,

Los fríos horizontes sin final,

Saña de manos asesinas.

 

¡Míralos! pueblos desterrados en el viento de las eras,

Aldebarán.

 

Y sufro esta búsqueda de esferas y caminos,

Añoro el retorno al templo de los orígenes,

El ansia voraz de una tierra virgen, núbil,

Para colmarla de ríos, poemas, bosques,

Para labrar mi tedio en sus espasmos,

Para arrancar la vida a sus entrañas,

Y luego, muerta, volverla a poseer.

 

Atardeceres terribles colmaron mi tristeza de futuros,

Aldebarán.

 

El ciclo inútil de los dragones tristes,

Tormentas de mares primordiales,

Crearlos de la nada tomó eones.

Esta es la venganza del soplo original,

Impaciencias, crípticas premuras,

La angustia de los tiempos.

 

Y al final, cuando encontramos planetas habitables,

Estábamos tan cansados de los viajes sin retorno,

Tan irremediablemente derrotados por la osadía,

Que las leyendas que nacieron de nuestros ecos,

Solo serían eólicas cárceles, templos rotos,

Trenas del dolor, la mentira y la muerte.

 

¿No es acaso esta creación, el más terrible de los legados?

Aldebarán.

 

Tanto dolor vertimos en los mundos, tanta negra rabia,

Indolentes, asesinamos a la Madre que los protegía,

Sus dioses melancólicos, cantan débiles, huidos,

En atardeceres invisibles de soledades atávicas,

Los últimos tiempos, los siglos ya olvidados,

Los grises finales, en sus ocasos inertes.

 

Somos nosotros, los últimos errantes,

Poetas del gnomon, viajeros de la esfera,

Evocadores de la vieja herencia del dolor,

Del castigo, la vieja culpa y su estigma silente.

 

Terribles castigos nos aguardan en el tiempo.

Terribles crepúsculos colmarán nuestros silencios.

 

Solitario será el retorno del sol hacia la nada,

Aldebarán.

.

.

Sobre mi tumba, Aldebarán,

derrama tu luz de sangre,
y si un día volvemos a la tierra,
te encuentre inmoble, Aldebarán,

callando del eterno misterio de palabra.
¡Si la verdad suprema nos ciñese
volveríamos todos a la nada!
De eternidad es tu silencio prenda.
¡Aldebarán!

 

Miguel de Unamuno