Podría

 

Por Gorka Lasa

 

 

Podría darle mil vueltas a las palabras volviendo una y otra vez al delirio de lo estético y puro. Podría decir que el sudor de mi empeño se trocó en lagos de fuego cuando las nubes osaron surcar el espacio de las sombras, y luego de cien heridas y silencios, la luna cayó en el cuenco de mis ojos y otra vez la vida se tornó en un canto de derrotas y puertos olvidados.

 

  Podría evocar infinitas palabra para avivar el tizón cercano de la poesía fácil, del canto que se hermana a los minutos en el lamento de lo simple, cantando la cotidianeidad del hambre y la injusticia. Y todo tejido con precisión a una música de fondo, para que lo escrito tenga ritmo y secuencia, cierta cadencia solemne en un camino de espejos y laureles que cuelgan del cinismo de lo humano.

 

  Podría darle mil vueltas a las palabras y volver siempre a este sitio de argumentos y rebeldías. Contarles a todos de mi elipsis de aire y pretender entonces que las manos se llenaran de trigo y el pan de los sueños caerá en las bocas de los que imploran paz. Así pensarán que he dado algo a cambio del privilegio de ver la tierra desde el cielo, y me perdonarán, porque después de todo no ostenté ser halcón, siendo un halcón errante en mundos de tormenta y rebelión.

 

  Podría darle cien torsiones a las frases y sus letras, mil permutaciones de un color inasible, emular a los cantores de la calle, inventarme formas placidas de decir siempre lo mismo, de dividir lo humano en incontables fusiones de templada eufonía. Podría seguir un delirio surrealista y perderme en lo contemplado, en libidos fulgores de formas que se rinden a lo irascible, en regurgitaciones de imágenes que solo sirven para ocultar el triste hecho de no decir nada.

 

  ¿Y me pregunto; cuánto más habremos de navegar sin rumbo para aliviar el ardor de una visión que se funde con las rocas del tedio en centellantes universos de hielo y espuma? De viajes que asieron el porvenir de los poetas a un ideal roto, a un sino de ríos que sangraron en la alta sierra de lo constelado, para descender luego derrotados por un anhelo fútil de raíces y bosques negros como la tinta.

 

  Si, podría haber hecho todo esto, vistiéndome de profeta y trovador en una era indolente de esclavos y fabricas. Pero me está prohibido, porque aún arde en mi sien el viejo pacto de fuego, la iniciación irrevocable de un sol moribundo, aquella promesa hecha hace eones en una isla galáctica que colgaba condenada de un abismo solar. Allí juré decir solo las cosas precisas y llevar la visión de los terrores a la raíz de la fuente. Juré sembrar el temor en el corazón de lo nuevo, de lo que nace inocente, de los que aun creen que esto es todo lo que hay, y luchan fútilmente por conquistar el vacio.

 

  Es por esto que el mensaje debe primar sobre la forma, la luz sobre la métrica de lo expuesto, y el canto y su belleza solo pueden ser usados para mostrar que es posible la Voz de los antiguos. Únicamente por esto permitió Osiris que se alzará en las estrellas la voz del poeta; para transmitir la llama de lo perdido, para enseñar el viejo equilibrio de Maat, para transmutar la piedra y marcar el rumbo a los que se atrevan a partir.

 

Cualquier otra cosa; es solo arena, ceguera del que sueña en el tiempo, vanidad del que está muerto sin saberlo.

 

Gorka Lasa