No todos de luna
Por Gorka Lasa

«Una oposición existe cuando la realidad todavía no es conforme a su concepto,
o cuando el íntimo concepto de sí todavía no ha llegado a la autoconciencia. »
Hegel

¿Puede acaso la razón humana definir aquello que aún no contiene? ¿Puede la comprensión fugaz habitar la esencia de lo que deviene? ¿Acaso los escribientes, con laberintos de símbolos, pretenden mostrar galaxias a un planetucho de simios?
Si de fuga sacra no saben, si todavía no han besado a Beatriz, ¿cómo pretenden hablar de paraísos a los topos que devoran la raíz? ¿Creen acaso que solo por contraste habitarán lo sagrado de la vida? ¿Y es acaso esa certeza lo improbable, de quien sigue propiciando su caída?

 

¿Cuántos trapecistas se afanan con mil semblantes? ¿Cuántos saltimbanquis deliran durante la práctica de sus pericias? ¿Cuántos falsos profetas se disputan los despojos? ¿Cuántos maestros espurios predican sus malicias? ¿Cuántos estafadores de seducciones estéticas? Emuladores de sombras, ilusionistas gitanos, pintores del boato, bufones posmodernistas. Tecnócratas de la fórmula y eclécticos de lo vano. Danzarines y payasos, enanos equilibristas.
Después de tanto sueño falso, tantos siglos de oscura caverna, confundieron lo excelso con lo burdo, santos incrédulos de sus propias carencias. ¿Quiénes son esos que dicen ver auroras y luego cincelan bustos a sus flaquezas humanas? Sin saberlo, se delatan inconscientes, ebrios de promesas. ¿Ya olvidaron la clave del filósofo? «Fallaces sunt, rerum species», dijo Séneca.
Aspirar a definir lo trascendente, sin haber merecido el sello arcano, es tarea de ciegos e ignaros, o desventura de bardos y videntes. Pues poética es también la justa escala, invocarla es redundar en lo imponderable. Se derretirá la cera en el tiempo preciso, es absurdo apresurar lo inevitable. El simulador se engaña a sí mismo: creyéndose próximo, es fallido. Un vuelo fútil lo expone al fuego astral, y el Ícaro volátil cae perdido.

 

El talento podrá mirar muy lejos, pero nunca proveerá genuinas alas. Estas son un regalo de los dioses para aquellos de una Ítaca ganada. Solo el que sabe no actúa. Aquél que no sabe, crea. Solo el que ha visto, plasma. El que no ha visto, simula. Todos los poetas sufren, cierto, pero no todos de luna.
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