Gorka o el peregrino del cosmos

 


 

Javier Romero Hernández
(Escritor y poeta panameño)


          Un camino solitario que asciende  hacia la  montaña, una hoja derribada por la lluvia y que desciende en el sueño de un santo, una flor del loto que abre sus alas en el aire clarísimo  de un amanecer lejano. Resuenan los pasos del peregrino en los pensamientos del árbol, se deshojan los versos del poeta y se confunden con la sangre de las criaturas que respiran.
¿Cabe el universo en una gota de agua?
¿Es un grano de arena la medida de lo eterno?

 

Gorka es el peregrino que regresa del viaje y trae consigo la lejanía: versos que formulan preguntas, que reclaman respuestas para construir  a un hombre en armonía con el cosmos, un hombre que hace del amor un rito sagrado y trascendente. Para Gorka el amor es un viaje al deslumbramiento; en el amor descubre el hombre su verdadero rostro, recibe la revelación que lo lleva  al contacto con lo absoluto, eternidad que transcurre en lo impermanente.

“Sólo existo más allá de mi mismo
aparte de esta Luz no tengo nada.”

 


Sólo existo en el otro, más allá de mi mismo, nos dice el poeta , en esa Luz que se genera cuando dos espíritus logran encontrarse, en ese lugar secreto que constituye  el templo de cada ser humano, el lugar donde se deshacen las máscaras, donde cada hombre y cada mujer es como una criatura que emerge del rocío.
Buscamos perennemente aquellas puertas que nos permitan acceder a una vida más humana, experimentamos la fuga de nosotros mismos,  y nos sorprendemos mirándonos vivir pero sin entrar realmente en la vida. El poeta nos invita a desafiar al tiempo, a burlar al reloj que a cada instante nos reclama una gota de existencia.


 

“Habito la única verdad
       este minuto interminable.”


Cada minuto una eternidad, y el amor, una vida latiendo en las entrañas de otra vida.

 

El peregrino nos guía de la mano a través de los parajes de su espíritu, nos enfrenta con la Lejanía.
El poeta nos narra  la búsqueda de la llave que abre la puerta tras la cual  nos esperamos y esperamos  al otro, al hermano, al espejo: la criatura humana. Quizás la llave no exista, tal vez es la búsqueda por sí misma el instrumento que posibilita nuestra entrada a lo trascendente, aquello que no puede ser definido, pero que pugna en nosotros sin descanso: nuestro verdadero nombre.


“Cuando encuentre la llave
        se  habrá podrido la puerta .”

 


Poesía de una honda espiritualidad, poesía de la revelación,
poesía que nos lleva desde lo humano hasta rozar la esfera de lo divino, como en el Tantra.

¿Es el hombre una criatura separada del universo? ¿O es el hombre una pieza del engranaje cósmico? ¿Es la muerte la conclusión definitiva de esta particularidad a la que llamamos vida? ¿O se integra el hombre al flujo del universo?

 

Gorka nos ofrece una respuesta a estas interrogantes con los siguientes versos:
        

“Pero más allá de mi cuerpo impermanente
está el soñador eterno que nos sueña
y en su sueño ya casi es de mañana.”

 

Es esta la poesía de Gorka Lasa Tribaldos, hecha de materias evanescentes,
caminos remotos e impermanencias que encierran eternidades.
Javier Romero Hernández 
Panamá, septiembre de 2007.