Un Caminar sin Tiempo

 

Edilberto González Trejos
(Poeta y gestor cultural)
“Es terriblemente solitario ser un espíritu antiguo en un planeta de niños.”
Lo dice el Maestro citado por el Poeta, en su proemio “Nova Astra Natura” a sus “Cantos  de la Legión Arcana”.

 

Nos adentra el Poeta - que por definición es un ser solitario - en su visión, en su trance, en su vigilia, en sus sueños, cable de alta tensión conectado con ámbitos invisibles, mas tangibles para el Bardo. Todo lo anterior en la soledad del fondista, que “revuelve la mirada y siente espanto” que “el planeta de niños” se cansó de caminar, y queda él solo, en un caminar sin tiempo.
Un caminar sin tiempo, Un principio sin Fin.

 

El Fin del Poeta yace dentro de sus principios. El principio puede ser el inicio, pero también es aquello que siempre fue y que siempre lo ha sido, ayer, hoy y siempre, recuerden solamente:
“La materia se expande cuando es calentada.”
“Los ángulos de cualquier triángulo siempre suman 180 grados.”
“El agua busca su propio nivel.”

 

¿Qué cambia? Nuestra conciencia, el descubrir aquel principio que siempre estuvo allí, el darnos cuenta, en realidad nada sustancial cambia excepto tu manera de percibir las cosas, tu conciencia.
Nos presenta el poeta su escenario de descubrir y narra ese sendero: Por medio del canto, el juego, la rima. Siendo la ética honda, abisal, su estética nos llama al juego del juglar, a la sencillez del trovador, a la sabiduría ancestral boca – oído.

 

Y en ese sentido, somos Iniciados, pero
¿Qué es una Iniciación? Un cambio de conciencia, una valla superada. Tu iniciación puede ser la cárcel, el hospital, la quiebra, el desapego, una ruptura, un hijo muerto, siempre es una puerta cerrada que se abre, un Demonio Guardián que luego se convierte en Tu Ángel Guardián.
Así viajamos en las Iniciaciones del Cosmonauta allende el Tiempo, de la mano del Trovador, el Bardo, Gorka Lasa.

 


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El Velo del Olvido.

 

Partimos de su Primera Sección “PARA IGNORAR LA ADVERTENCIA”,
y de su canto “¿No recuerdas el jardín” en la página 17, leemos

“¿No recuerdas el jardín?
La tierra sagrada
Pura.

 

Vórtice mágico emana
La luz
La raza runa.”


Sólo puedes añorar aquello que tuviste, aquello que conociste. Y si piensas que es extraño que añores algo que nunca has visto, es que tal vez sí lo conociste y aún no lo recuerdas.

 

Entrañan estos versos la noción del “Velo del Olvido”, el vínculo con la rueda de la vida y la muerte llamada en el Buddhismo “Samsara”. El olvido es felicidad, ya lo ha dicho Mae West que la felicidad es “tener buena salud y mala memoria”, y sumido en ese olvido empieza el caminante a experimentar con la vida, a redescubrir aquel mundo que siempre ha estado allí, con la maravilla de la novedad, bien lo explica Lasa en la página 20, de “Memoria del Origen”:
“Aquí, un viajero sin tiempo

 

Memoria de un ser errante”
Y el maravilloso paso de cada hallazgo, en ese experimentar, en la página 24, de “La escala oculta”:

 

“En pos de un símbolo
Se me abrió una puerta.”


Los códigos para traducir las revelaciones devienen en las “Banderas Paganas”, canto de la página 25 y 26 que recomiendo lean. ¿Qué es pagano y qué divino? La diferencia la establece la otredad: Lo mío es divino; lo del otro, pagano. La conciencia espiritual va madurando poco a poco, hasta la realización de la unicidad de la vida

 

Y sigue el caminante siglos de religión y temporalidad, de “samsara”, de olvido, de felicidad, hasta la realización de la espiritualidad, de lo permanente, la semilla del desencanto, memoria y fin de la “santa inocencia”.
Es allí donde el Bardo, el Trovador nos proporciona “El mapa de regreso”,
donde en su página 32 podemos degustar la musicalidad de esta nueva geografía ontológica,

 


“Conjuro de tiempo con la dama del ocaso
Revélame el secreto,
Circe milenaria.”


Y sólo la lectura de un firmamento ontológico nos permitirá ajustar la brújula del corazón, de la llama interna, del Ser.

 

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El Viaje

 

En su Segunda Sección “ROSA GNÓSTICA”, se nos describe el viaje, pero en un detalle narrativo, cinético, de “rajas”, en el fragor de la batalla.
Y el bardo le canta a esa “Rosa de Alejandría, rosa amarilla, Rosa de Alejandría, rumbo entre islas”, a la que le canta Manolo García, otro Bardo, Juglar, de aquellos tiempos, pero vivito en éste, es interesante descubrir esta faceta en Gorka.

 

Y el viajero, el caminante detalla su marcha, como en los “Vuelos Solitarios” de la página 41:


“¿Cuánto tiempo navegando en este sueño de estrellas?
¿Solo para volver al puerto?
¿Solo para beber centellas?”



 

Y la respuesta es que acaso, sí, todos nos vamos de casa, sólo para regresar a ella, con una conciencia en espirales, recuerda caminante que “El Viajero” (p. 41) es caminante como aquel al que le cantó Antonio Machado, tú lo sabes:


“Ser solamente fuego,
Espíritu que busca.”



 

Evolución del hijo pródigo, olvido, y memoria, crecimiento a través de la conciencia. Sólo puede regresas a casa quien se fue de ella, sólo puede recordar quien ha olvidado, sólo puede adquirir conciencia, quien la ha perdido, sólo se ilumina quien ha estado en la oscuridad.

La Metanoia es el punto de inflexión, el darse cuenta, el llamado arrepentimiento, tan mal interpretado, que sólo significa “cambio de dirección”, nada más y nada menos, y ese cambio de dirección es conciencia, tal cambio viene anunciado por el Bardo en “Ritual volante” (p.46). Pero ese cambio no viene solo, viene con la realización de la “Circular aurora” (p.49), los tesoros tangibles e intangibles que hemos acumulado en esta experimentación, en este “rumbo entre islas”, donde:

 

“Juntos nos sentamos por mil siglos
Silenciosos, en el cráter de enseñanza”


Y sólo en el desapego de tales tesoros está la clave del siguiente y donde el poeta abre su corazón, en todo el centro del poemario, núcleo y meollo del periplo, sus “Cantos de la Legión Arcana”:

 

“A pesar de llevar la sangre de dragones
Perdimos la memoria al caer en lo profundo.

 

Así nos despeñamos desde siempre
Ardientes y orgullosos al Samsara.

 

Todo volverá completo sin mácula a su día
El mañana de un mundo en circular aventura.”

Viaje de la mónada, involución y evolución, material iniciático, en este poemario,
ya que como dice Gorka, no hay que dejar morir en el olvido oscuro este legado de las edades.

 

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Consideraciones

 

La aridez del alma, ese desierto donde cual John Milton, llegas a ese punto donde ya has visto el relámpago en el cielo despejado, aun eres del mundo, pero ya no quieres saber de él. El caminante se para pues, en un “espantoso abismo”, allí te sientas a considerar el viaje, en un “tamas” que no es pasividad, sino meditación, alerta en reposo.
Ya no se trata del fragor de la batalla, sino del meditar al margen del infierno, en el fondo de la existencia, del suelo no pasas, no se tiene nada más que perder, estás a medio camino de resolver el triángulo del lodo, a saber:


 

- Estoy en el lodo (ya lo sabes)    - No me gusta el lodo (ya lo descubriste)
- Quiero salir del lodo (estás a punto de tomar la decisión)

Ello nos lo plantea el poeta en la siguiente sección “CONSIDERANDO SU VIAJE”, una parte de hondas meditaciones donde se pregunta en “Vertiginoso giro” (p.67) y “Helios se ha dormido” (p.71) ¿QUÉ HAGO AQUÍ?   
Se empieza a desatar un nudo, a resolver un acertijo, y dentro de las 3 conciencias del Ser: a) La conciencia individual: Del individuo y su familia inmediata; b) La conciencia comunal: De su tribu extendida, pueblo, y quizás nación; c) La conciencia universal: Toda la raza humana, todos los reinos, toda la vida, visible e invisible,

 

Llega cual iniciado a asumir y ser la Conciencia Universal.
El Caminante está en el Suelo, en la Oscuridad, en el Lodo, pero adquiere la Conciencia de las Edades, receta para la infelicidad, pero también para dar el siguiente paso, lo que nos canta este Trovador en “Las Hogueras del Origen” (p.83):

 

“Enclaustrado en celdas de artificial urbano
Alcanzan la gnosis en soledades místicas

                                                                                            
Somos la armadía de los últimos navegantes
Agitamos en el pecho la prueba de los misterios.”

Joya del Bien-Cantar.

 

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El Ascenso. La Iluminación:


 

“Con el retorno del héroe, ¿se acabará esta reyerta?
Aquí estamos los custodios de una singular leyenda”

No se trata de esperar a un Mesías externo, vemos en estos versos de “Centinelas de Abraxas” (p.93), que ese Ungido está en la propia conciencia del Iniciado, cuando asume su papel en los eventos del Universo.


 

Tannhäuser, poeta errante, caminante de los senderos, desde el hedonismo del Monte de Venus (“Venusberg”) hasta lo ascético – inmortalizado en la Ópera de Richard Wagner -, encarna las muchas dimensiones de la obra de Gorka Lasa: Trovador, Caminante, Iniciado, Maldito, Leyenda.
Recuerden en “Blade Runner” la frase de Roy Batty antes de morir:

 

"Yo he visto cosas que ustedes no creerían: Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas... en la lluvia. Es hora... de morir".

En la última sección “LA PUERTA DE TANNHÄUSER”, el Bardo se (nos) enfrenta con el Guardián de la Puerta, el “Asura” del Buddhismo, aquella Lucha contra el Ángel, que combatió Jacob – luego Israel - , Prevert el bardo galo, y del que no se escapa Gorka Lasa, en su “Combate desigual” (p.97):

 

“Perverso ángel celoso de lo humano
Nos asume incapaz de tal prodigio.


Tramposo Deva nos impide este camino
¿temeroso que cruce el Ser y lo descrea?”



 

Sólo enfrentando tu propio ángel, y encarando tus propios demonios, tus miedos, tu apego, tu orgullo, aquellos prejuicios, serás capaz entonces de cruzar la puerta de Tannhäuser, ver lo que hoy nadie cree, cruzar el Ser y encontrar de primera mano aquellas “formas trascendentes” cuya nostalgia nos revela como humanos. Eso lo dijo Mircea Eliade, quien a través del estudio de las religiones nos lleva a la espiritualidad. Linda metáfora para aseverar que sólo podemos “re-ligar” aquello que estaba desligado, y cuando resuelves la “liga”, ya no lo necesitas.
“Sol-edades”, edades de sol, y sol-edad, que nos revela el poeta en la página 103 del libro:

 

“Otra vez convocados para arder en lo temporal
Otra vez rasgamos el velo,
Nuestro suplicio infernal.


Sólo para usar el verbo se nos libera del cielo
Se nos dan alas de cera,
Luego soles y sueños.”



 

Ícaros eternos, liberados por el Sol, muerte y transfiguración, rasgar el “Velo del Olvido”, fin de la Felicidad Inocente, para encarar la responsabilidad de la Luz.
Así, “Todo vuelve a su día” (p.105), llegamos a casa de donde salimos, el paisaje es igual, sólo ha cambiado nuestra percepción del mismo, salimos vacíos de equipaje y sólo podemos regresar desapegados a dicho bagaje, renunciar compartiendo los tesoros gestados, aprehendidos en el viaje.


 

Significativo desfile de Mandalas que acompañan a los Cantos que describen esa Involución – Evolución, de dentro hacia afuera, luego hacia dentro, y una vez más, “big Bang” de la SuperNova del Fuego Sagrado en el Corazón del Iniciado.
No eres raro por añorar, por soñar lo que nunca has visto, tampoco por estar en descontento con lo que te rodea, por ir contra la corriente, contra la masa ciega que se revuelca en su propio fango de sangre. Y acaso también somos fango y sangre, pero si te sientes así, canta como el Bardo, considera tu viaje al borde del abismo, ya que como nos canta Gorka:

 

“Obviamente sus contrarios
En místicas cofradías
Esperan paciente ronda
Pues todo vuelve a su día.”